Sin cabos sueltos
21 de febrero de 2011 a la(s) 23:37

Mañana
mismo estaba muy lejos. Estaba ya harto! No lo aguantaba más, iba a
terminar de un plumazo con todos esos comentarios que tanta grima le
producían. Qué pesadilla de mujer, la iba a callar de una vez por todas.
La iba a borrar esa expresión que ya muy de vez en cuando ponía en su
cara y que él odiaba. Había pensado en hacerlo desde hace meses pero,
llegó por fin el día y el momento. Sin cómplices. Sin cabos sueltos.
Seguro que saldría indemne. Astutamente la engaño para ir a aquel lugar
en penumbra, donde no había ni un alma. Aprovechó un enorme descuido,
metió la mano en su bolsillo sacó algo, y dijo. ¿Cariño te quieres casar
conmigo?
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