Los
besos solo dispusieron de unos días de libertad. La unión de los labios
de aquellos dos incautos, supuso un fugaz regalo que fue suficiente
para generar certeza, al instante, cayeron en la cuenta de que eran
sinceros, supieron al momento que poseían un valor oculto.
Nunca sospecharon que el roce de sus labios, generaría de forma casi mágica, muchos más besos de los que se dieron, desafiando así las leyes naturales del tiempo.
El magistrado de la eternidad se sintió ofendido, y ejerciendo de juez y verdugo, condenó sin miramiento a aquellos besos al laberinto de la incertidumbre.
Permanecerían allí hasta que la autoridad del tiempo lo decidiese, o aquellos desorientados besos encontrasen el confuso camino hacia la salida.
Al escuchar la sentencia, acorralados entre la decepción y el deseo, pensaron...
“¿A dónde van los besos que ya nunca se darán?”. Algunos de los allí presentes desconocían que el laberinto solo una salida tenía, ya que un solo destino era posible para aquellos besos.
El destino que uniría a los dos incautos.
Por esta razón y con buena intención, aconsejaron su inmediata dispersión o el suicidio.
Ahora prisioneros por desafiar al mismísimo tiempo, angostados entre las paredes del laberinto,
se preguntan si serán presa del infinito, o encontraran de nuevo su libertad.
Nunca sospecharon que el roce de sus labios, generaría de forma casi mágica, muchos más besos de los que se dieron, desafiando así las leyes naturales del tiempo.
El magistrado de la eternidad se sintió ofendido, y ejerciendo de juez y verdugo, condenó sin miramiento a aquellos besos al laberinto de la incertidumbre.
Permanecerían allí hasta que la autoridad del tiempo lo decidiese, o aquellos desorientados besos encontrasen el confuso camino hacia la salida.
Al escuchar la sentencia, acorralados entre la decepción y el deseo, pensaron...
“¿A dónde van los besos que ya nunca se darán?”. Algunos de los allí presentes desconocían que el laberinto solo una salida tenía, ya que un solo destino era posible para aquellos besos.
El destino que uniría a los dos incautos.
Por esta razón y con buena intención, aconsejaron su inmediata dispersión o el suicidio.
Ahora prisioneros por desafiar al mismísimo tiempo, angostados entre las paredes del laberinto,
se preguntan si serán presa del infinito, o encontraran de nuevo su libertad.

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La primera idea suele ser la buena, la segunda será mejor...