miércoles, 23 de julio de 2014

El don de la eterna juventud no impide que pase el tiempo.

21 de marzo de 2011 a la(s) 15:48







Planté un árbol caduco y lo cuidé como perenne, prolongando el autoengaño hasta que la hoja más valiente, se rindió ante la evidencia, y comencé a ser consciente.

  Mi condición insalvable y el viento implacable, transformaron el argumento justificado en escusa.

 Sus grandes ambiciones, se quedaron desnudas.


Mis ojos vendados pudieron ver la luna. Desterrar la desidia desvestirme ante el espejo.


 Caminar desnudo antes de hacerme viejo.


 Llevar mi cuerpo lejos, y más allá mi mente.


Porque mi árbol es caduco y yo no soy perenne.





Jonatan Machín

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La primera idea suele ser la buena, la segunda será mejor...